P) Cómo clasifico
Mi problema con las clasificaciones es que no son duraderas; apenas pongo orden, dicho orden caduca.
Como todo el mundo, supongo, tengo a veces un frenesí del ordenamiento; la abundancia de cosas para ordenar, la casi imposibilidad de distribuirlas según criterios verdaderamente satisfactorios, hacen que a veces no termine nunca, que me conforme con ordenamientos provisorios y precarios, apenas más eficaces que la anarquía inicial.
El resultado de todo ello desemboca en categorías realmente extrañas, por ejemplo, una carpeta llena de papeles varios con la inscripción "PARA CLASIFICAR"; o bien una gaveta etiquetada "URGENTE 1" que no contiene nada (en la gaveta "URGENTE 2" hay unas viejas fotografías, en la gaveta "URGENTE 3", cuadernos nuevos).
En síntesis, me las arreglo."
H) Sei Shōnagon
Sei Shōnagon no clasifica; ella enumera y recomienza. Un tema suscita una lista, simples enunciados o anécdotas. Más allá, un tema casi idéntico produce otra lista, y así sucesivamente; así se llega a series que podemos reagrupar, por ejemplo las "cosas conmovedoras" (cosas que hacen palpitar el corazón, cosas que a veces oímos con más emoción que de costumbre, cosas que emocionan hondamente), o bien, en la serie de las "cosas desagradable":
Cosas desoladoras
Cosas aborrecibles
Cosas exasperantes
Cosas molestas
Cosas penosas
Cosas que colman de angustia
Cosas que parecen afligentes
Cosas desagradables
Cosas desagradables de ver
Un perro que ladra durante el día, una sala de parto donde el bebé está muerto, un brasero sin fuego, un cochero que detesta al buey forman parte de las cosas desoladoras; en las cosas aborrecibles encontramos: un bebé que llora en el preciso instante en que deseamos escuchar algo, cuervos que se reúnen y croan al cruzarse en vuelo, y perros que aúllan largamente, al unísono, en tono creciente; en las cosas que parecen afligentes: alimentar a un bebé que llora de noche; en las coas desagradables de ver: el carruaje de un alto dignatario cuyas cortinas interiores parecen sucias.
V) Las inefables alegrías de la enumeración
En toda enumeración hay dos tentaciones contradictorias; la primera consiste en el afán de incluirlo TODO; la segunda, en el de olvidar algo; la primera querría cerrar definitivamente la cuestión; la segunda, dejarla abierta; entre lo exhaustivo y lo inconcluso, la enumeración me parece, antes de todo pensamiento (y de toda clasificación), la marca misma de esta necesidad de nombrar y de reunir sin la cual el mundo ("la vida") carecería de referencias para nosotros: hay dos cosas diferentes que sin embargo son un poco parecidas; podemos reunirlas en series dentro de las cuales será posible distinguirlas.
Hay algo de exultante y de aterrador a la vez en la idea de que nada en el mundo sea tan único como para no poder entrar en una lista.
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