Frédéric Schiffter.


Después de entrevistarse con su amigo Gassendi, mi antepasado Saint-Évremond anotó que tenían “más interés en gozar del mundo que en conocerlo” – en criticarlo y en combatirlo, añadiría yo-. Apuntó, además, que es preciso que apreciemos la filosofía como una grata manera de chismorrear sobre la vida y la muerte. Por eso, siguiendo las enseñanzas de otro antepasado, La Rochefoucauld, me esfuerzo en estar a la altura de mis fracasos. La risa burlona es el único consejo estratégico que me ha legado. Nada más fecundo que la esterilidad de sus Máximas; volviendo a ellas sin cesar me perfecciono en el y-para-qué. 

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